Estructura y función de la piel

Estructura y función de la piel

La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y de una importancia trascendental. Se trata de nuestra cubierta externa y su función básica es separar el organismo del medio ambiente. La piel es un órgano de gran tamaño, para el que se calcula de forma aproximada una superficie de alrededor de 2 m2 y un peso de 4 kg, lo que supone aproximadamente el 6 % del peso corporal total. En este post te explicaremos sus principales funciones y conoceremos un poco más su estructura.

¿Cuáles son las principales funciones de la piel?

  • Protectora: barrera contra agresiones mecánicas, químicas o tóxicas y contra microorganismos patógenos; filtro frente a las radiaciones ultravioleta.
  • Termorreguladora: protección del calor y del frío, y mantenimiento de la temperatura corporal.
  • Balance hidro-electrolítico: mantiene el equilibrio de fluidos corporales, al actuar como barrera ante la posible pérdida de agua.
  • Sensorial: transmite mediante receptores y terminaciones nerviosas el tacto, la presión, la temperatura y el dolor.
  • Emocional: exteriorizamos nuestro estado emocional por la piel; nos sonrojamos, palidecemos, nuestro pelo se eriza y emanamos olor (feromonas). 

¿Cuál es la estructura de nuestra piel?

Desde la más superficial hasta la más profunda, se distribuye en tres capas de tejido, con un origen embriológico distinto:

  1. La epidermis:

La epidermis es un epitelio plano poliestratificado y queratinizado, que cubre la totalidad de la superficie corporal. Es la capa de la piel con mayor número de células y con una dinámica de recambio extraordinariamente grande. Las células crecen desde el interior (capa basal) hasta el exterior (capas córneas). Presenta un espesor variable (desde 0,1 mm hasta 1 o 2 mm en las palmas de las manos y las plantas de los pies).

Tipos celulares:

  • Queratinocitos (90 %): producen queratina, la cual da cohesión al tejido e impermeabiliza la dermis.
  • Melanocitos (5-10 %): sintetizan la melanina, que es nuestro pigmento natural y nos protege de las radiaciones ultravioleta. El color de la piel no depende de su número, sino de su tamaño.
  • Células de Langerhans (2-5 %): defensa inmune.
  • Células de Merkel: células sensoriales.
  1. La dermis o corion:

Da estructura de soporte a la piel y le proporciona resistencia y elasticidad. Está formada básicamente de tejido conectivo fibroelástico. La matriz extracelular contiene una elevada proporción de fibras, no muy compactadas, de colágeno (> 75 %), elastina y reticulina. Es un tejido vascularizado que sirve de soporte y alimento a la epidermis. Constituye la mayor masa de la piel y su grosor máximo es de unos 5 mm.

Aquí es donde encontraremos terminaciones nerviosas responsables del tacto y de la presión.

Anexos cutáneos:

  • Folículos pilosos: contienen básicamente el pelo, que se basa en una estructura queratinizada que asienta desde una invaginación epidérmica hasta su profundidad (papila dérmica), que es donde recibe la nutrición celular.

Fases de crecimiento folicular: anagen (90 % de los pelos se encuentran en esta fase): crecimiento, 2-5 años; catagen: involución, 2-5 semanas; telogen: crecimiento, 2-5 meses.

En el infundíbulo desemboca el contenido excretado por las glándulas:

  • Glándulas sudoríparas: controlan la temperatura, excretando agua y otras sustancias (sal, amoníaco, ácido úrico, urea, ácido láctico). Además poseen función odorífera, al secretar una sustancia que se contamina rápidamente y genera nuestro olor característico.
  • Glándulas sebáceas: producen lípidos que ayudan a mantener la capa protectora externa.
  1. El tejido subcutáneo, también denominado hipodermis o subcutis:

Está compuesto por conectivo laxo para fijarse a modo de anclaje. Cuando se pierden estos puentes, da lugar a las típicas arrugas. Está formado por tejido adiposo, por donde discurren vasos y nervios. El tejido subcutáneo sirve de almacén de energía, así como de aislante térmico y de protector mecánico.

¿Cómo penetra un tratamiento dermatológico en la piel?

Dada la complejidad estructural de la piel, deberíamos saber que todos los tratamientos tópicos y sus principios activos tan solo penetran en la epidermis, concretamente en las capas más externas (capas córneas), y que no logran pasar la unión dermoepidérmica ni tampoco las capas basales. Eso no significa que no tengan efecto, porque el aporte nutricional y de soporte es de gran relevancia para estas capas con mayor replicabilidad celular. Con ello consiguen que estas células crezcan más sanas y no sufran estrés oxidativo, paso básico para el efecto dermatológico.

De todos modos, si por el contenido o por la acción del producto queremos que actúe en capas más profundas, deberíamos utilizar técnicas invasivas (inyecciones, por ejemplo).

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